Se buscan ingenieras – Entrevista a Josefa Masegosa, investigadora del IAA-CSIC

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El 11 de febrero se celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Es la excusa perfecta para dar visibilidad a las mujeres que se dedican profesionalmente a la investigación en áreas históricamente masculinizadas como la física, química, matemáticas o ingeniería. Por ahora son pocas las que optan por este campo profesional, por eso es necesario fomentar el conocimiento de estas carreras entre las más jóvenes. Josefa Masegosa es investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía y coordina las actividades del 11F en el centro. Para Josefa, uno de los motivos que justifican la escasa presencia femenina en las llamadas áreas STEM es la falta de referentes, de ahí que todo el esfuerzo en este campo se está dedicando a poner nombre y rostro a quienes sí han conseguido su objetivo.

 

Josefa, ¿Es realmente necesario que exista un Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia?

Definitivamente, sí. La iniciativa es aún muy joven pero esencial. La idea es visibilizar la presencia de la mujer en las carreras que llamamos de ciencias duras: física, química, matemáticas e ingeniería. Actualmente el porcentaje de mujeres que trabajan en esta área es muy bajo. Lo que se pretende es despertar vocaciones científicas a edades tempranas, antes de que las alumnas escojan su trayectoria curricular. Se están organizando muchas actividades para que se conozcan, con nombre y apellidos, a las mujeres físicas, químicas, matemáticas e ingenieras.

Porque, lo que no se conoce, no existe

Exacto. Cuando escogemos nuestra trayectoria curricular, solemos escoger aquello con lo que nos sentimos identificados. Si no conocemos ninguna mujer ingeniera, podemos llegar a pensar que las mujeres no pueden ser ingenieras y de ahí, descartar esa vía. Esta es la idea, dedicar este día para que las niñas tengan acceso a otras realidades.

 

Según un estudio publicado en Estados Unidos, hay una cierta edad a partir de la cual los niños y las niñas ya tienen una separación de género, es decir, hasta una cierta edad, niños y niñas se interesaban de igual forma por la ciencia, pero llegado un momento las niñas se alejaban de las actividades científicas y tecnológicas.

Según este estudio, hasta los cinco años los niños no tienen separación de género, cualquier niño o niña podía hacer cualquier cosa. Pero a partir de los seis o siete ya sí que hacen identificaciones de género. No es algo raro, porque es a partir de los siete años cuando los niños empiezan a identificarse con lo que tienen alrededor. Y lo más cercano son los padres. Si en casa papá hace actividades “masculinas” y mamá actividades “femeninas” pues ya empiezan ellos también a diferenciar. En la escuela ocurre lo mismo. Por eso es muy importante este día. Tengo que reconocer que no cambiará la situación de un día para otro pero sí da la oportunidad a niñas de todas las edades de ver que otra realidad es posible y que hay mujeres que han hecho carreras científicas brillantes.

Usted ha comprobado en primera persona el efecto de enfrentarlos con esa otra realidad

Sí. Y ha sido una de las experiencias más preciosas que he vivido. En un colegio, los profesores habían encargado a sus alumnos un trabajo sobre mí, como mujer científica, y luego me pidieron que fuera a su clase para que me conocieran en persona. Fue muy hermoso ver sus caras cuando comprobaron que yo era de carne y hueso, que no tengo antenas ni soy una extraterrestre; que soy una persona normal. Esto precisamente es lo que vamos a hacer este año en el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Hemos entregado a los centros escolares la biografía de varias científicas para que los alumnos trabajen con ellas y el día 11 vendrán a nuestra sede a ponerles cara. Este tipo de actividades son muy importantes.

 

Usted es investigadora en el Instituto de Astrofísica de Andalucía. ¿Ocurre esta diferenciación de género también en este campo?

En la astrofísica, igual que en la física, el porcentaje de mujeres es muy bajo, no llegamos al 25% del total de investigadores en España. Pero, es más, dentro del Instituto tenemos una sección de ingeniería donde sólo el 12% del personal investigador son mujeres. Es una situación generalizada.

¿Cómo ha cambiado ese porcentaje con el tiempo?

Eso es lo preocupante, que no ha cambiado. El primer estudio que yo hice en 1994 reflejaba un 20% de presencia femenina, pero desafortunadamente en 2017 continuamos en esos términos, apenas ha crecido un 3%.  A pesar de todo el trabajo que se está haciendo las cosas no están mejorando.

 

Hemos visto cómo en el acceso a la carrera universitaria se necesita mucho trabajo aún. Pero, ¿una vez dentro?

Lo que ocurre en los países occidentales como España son minidiscriminaciones. Todos tenemos acceso a los mismos fondos bibliográficos y a los mismos centros de investigación, pero conforme se progresa en la carrera académica las posibilidades disminuyen para las mujeres. Es lo que muchos llaman el efecto “tubería agujereada”. El flujo de los hombres es más denso y no cae conforme progresa, pero las mujeres, conforme avanzan en la escala investigadora –como puede ser catedráticas- sí que va cayendo. Para que se hagan una idea. De las 18 promociones de mi instituto, sólo una mujer ha llegado a ser profesora de investigación.

 

¿Qué consecuencias ha tenido la crisis económica en esta situación?

La crisis ha ayudado mucho a empeorar las cosas. Cuando en un centro hay pocas plazas, se priorizan los perfiles que ocupan los varones. Esto se ha notado mucho en el CSIC en todas las áreas de conocimiento.

Me quedo con una cita que leí el otro día: “Quizá tus bisnietas puedan ver la igualdad”. Al ritmo de crecimiento tan lento que llevamos, necesitaremos al menos 200 años para equilibrar la situación.  Hay que tener en cuenta que los derechos se van ganando, pero también se pierden. En este sentido ha ayudado mucho la Ley de Igualdad de 2007, de la que soy profundamente defensora porque promulgó que los tribunales de contratación fueran paritarios. Esto aumentó el porcentaje de mujeres en los centros de investigación y en las diferentes áreas de conocimiento, como por ejemplo agricultura, donde ya la presencia de mujeres era mayor. Estas medidas ayudan mucho, pero hay que ir más allá porque han pasado once años de la crisis económica y sigue existiendo la brecha de género en las áreas stem. No hay ingenieras.

 

Parece surrealista en pleno siglo XXI

Lo es. Hay un efecto que me preocupa mucho y que resulta muy curioso. En informática cuando el título de la carrera era Licenciatura en Informática el porcentaje de mujeres matriculadas era elevado. Sin embargo cuando se le cambió el nombre por Ingeniería Informática, ese porcentaje cayó en picado.

 

¿Cómo celebra el IAA este día?

Por un lado, desde que se celebra el Día de la Mujer y la Niña Investigadora colgamos en nuestra web una fotografía de todas las mujeres que trabajamos aquí.  Por otro lado está el encuentro con escolares de primaria y secundaria, que podrán charlar con nuestras astrónomas.

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